El pueblo que no quiso cruzar su propio portal
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El pueblo que no quiso cruzar su propio portal

Francisco Salamone hizo más de sesenta obras monumentales en cuatro años y después desapareció medio siglo. Dos de las más impresionantes están en Saldungaray y en Tornquist.

Somos Comarca

Redacción


4 min

Saldungaray tiene menos de 2.000 habitantes. Tiene también la mayor concentración de obras de Francisco Salamone de toda la provincia de Buenos Aires: cinco obras monumentales en un pueblo que, cuando fueron construidas, era todavía más pequeño. Y eso no fue casualidad: formó parte del plan de obras públicas impulsado durante el gobierno bonaerense de Manuel Fresco, en conjunto con el partido de Tornquist.

Cuatro años

Francisco Salamone nació en Sicilia y se formó como ingeniero y arquitecto en la Argentina. Entre 1936 y 1940 proyectó y dirigió más de sesenta obras en veinticinco municipios bonaerenses: palacios municipales, mataderos, plazas y portales de cementerio. Cuatro años de una producción frenética que transformó para siempre el paisaje de los pueblos de la provincia.

La explicación de esos cuatro años tiene nombre propio: Manuel Fresco, gobernador de Buenos Aires entre 1936 y 1940. Durante su gestión se puso en marcha un ambicioso plan de obra pública que buscaba transformar los pueblos bonaerenses y hacer visible la presencia del Estado. Dentro de ese programa, Salamone recibió encargos para levantar edificios de una escala monumental, muchas veces desproporcionada respecto de los pueblos que los rodeaban.

La idea era que el Estado se viera. Que en un pueblo de mil habitantes pudiera aparecer un edificio con la presencia y la monumentalidad de una capital.

Se ve todavía.

El portal

El portal del cementerio de Saldungaray fue inaugurado en 1938. Es una enorme estructura circular de hormigón, de unos veinte metros de diámetro, que enmarca una cruz. En el cruce de sus brazos se encuentra una cabeza de Cristo de rasgos cubistas, realizada por el escultor Santiago José Chierico, colaborador de Francisco Salamone en distintas obras.

Hay que detenerse en la escala. No es simplemente un portón: es una pieza monumental de arquitectura, plantada en la entrada del lugar donde el pueblo entierra a sus muertos. Y en el centro, un Cristo geométrico que rompe por completo con la representación religiosa tradicional.

El día de la inauguración llegó a Saldungaray el gobernador. Con el tiempo, alrededor del portal también se instaló una historia que forma parte de la memoria local: que algunos vecinos se resistieron a entrar al cementerio aquel día, sorprendidos por una obra que resultaba completamente ajena a la arquitectura y a las imágenes religiosas a las que estaban acostumbrados.

Más allá de cuánto haya de crónica y cuánto de tradición oral, hay algo difícil de ignorar: el portal no intenta pasar desapercibido. Su escala, su geometría y la particular representación de Cristo convierten la entrada al cementerio en una declaración arquitectónica.

Tornquist

En la cabecera del partido la operación fue la misma y todavía más visible.

El Palacio Municipal de Tornquist se proyectó en 1937, en hormigón armado, con líneas geométricas entre el art déco y el funcionalismo. Tiene una torre de treinta y seis metros que marca el eje de simetría del edificio, y hasta la tipografía metálica de los carteles fue diseñada especialmente para él.

Se inauguró el 3 de diciembre de 1938 junto con el matadero municipal. Más tarde Salamone volvió sobre la plaza y le agregó columnas de iluminación, bancos y puentes.

Fotografía de 1940 del Palacio Municipal de Tornquist: un edificio bajo de hormigón, simétrico, con una torre alta y estriada en el centro que lleva un reloj. Autos de la época estacionados al frente.«Cuatro años de gobierno 1936-1940», Provincia de Buenos Aires · Dominio público
El Palacio Municipal de Tornquist en 1940, fotografiado para la memoria oficial del gobierno de Manuel Fresco.

Esa foto es de 1940 y no es una foto cualquiera: salió publicada en Cuatro años de gobierno, el libro con el que la provincia mostraba lo que había hecho. O sea que el edificio no solo se construyó para que se viera: se fotografió para que se viera. Era parte del mismo gesto.

Qué se hace con un monumento que nadie pidió

Ochenta y cinco años después, la relación se dio vuelta entera.

El portal que asustaba es hoy la imagen con la que Saldungaray aparece en cualquier lado. Gente que no sabría ubicar el pueblo en un mapa maneja tres horas para sacarle una foto. Hay circuitos turísticos organizados alrededor de la obra de Salamone en toda la provincia, y este es uno de sus puntos altos. El municipio de Tornquist trabaja todos los días adentro de un edificio que es, además, una obra de museo.

Lo que se hereda no siempre se elige. A veces se hereda algo desmedido, impuesto, hecho para impresionar más que para servir, y con los años el pueblo lo va ocupando hasta que se vuelve suyo. Ese proceso —que no fue rápido ni fue amable— es probablemente lo más interesante que tiene esta historia, mucho más que el dato de que un ingeniero siciliano hizo sesenta obras en cuatro años.

El pueblo no quiso cruzar el portal. Después lo cruzó igual, todos los días, durante ochenta y cinco años. Y ahora lo pone en los folletos.

Fuentes

  1. «Saldungaray: el pueblo bonaerense con menos de dos mil habitantes y más obras de Francisco Salamone» — La Nación, 31/07/2024.
  2. Longoni, René y Molteni, Juan Carlos: «Maestros de la Arquitectura Argentina: Francisco Salamone» (2014).
  3. «La obra de Francisco Salamone en el sudoeste de la provincia» — EdiUPSO.
  4. «Aniversario de la muerte de Salamone. Un legado monumental en Tornquist y Saldungaray» — sierrasdelaventana.com.ar
  5. «Arquitectura y muerte: dinámicas espaciales en el cementerio de Saldungaray» — Dialnet.
  6. https://www.argentina.gob.ar/node/414040

Actualizado el 2 de octubre de 2026

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