El albañil de la comarca
Pesa cincuenta y cuatro gramos y construye una casa de cuatro kilos. La usa una temporada, la abandona, y al año siguiente hace otra. Lo que deja lo heredan los que no saben construir.
Somos Comarca
Redacción
3 min
Un hornero pesa cincuenta y cuatro gramos. Menos que un huevo.
El nido que construye pesa entre cuatro y cinco kilos.
Es decir: alrededor de noventa veces su propio peso, en barro, traído de a picotazos, desde un charco hasta la rama. No hay ninguna otra ave en la Argentina que haga algo parecido, y hay muy pocas en el mundo.
Cómo se hace una casa con la boca
El nido tiene forma de horno —de ahí el nombre— y mide entre veinte y veinticinco centímetros de ancho. Lo levantan los dos miembros de la pareja, mezclando barro con pasto seco y a veces con bosta, que funciona como fibra: es lo que evita que la pared se raje al secarse.
Tardan una o dos semanas.
Adentro no es una bola hueca, y ahí está la parte que más impresiona. Hay un tabique que divide el interior en dos: un pasillo de entrada que hace una curva, y recién después la cámara donde ponen los huevos. Desde afuera, aunque uno meta la mano, no llega. Un pájaro que quiera comerse los pichones tampoco.
Sobre la orientación de la boca hay estudios y hay una hipótesis bastante aceptada: que el ave la ubica de manera de resguardarse de los vientos fuertes de cada región. Conviene decirlo así, con cuidado, porque es lo que la evidencia permite decir. En el campo la gente lo da por hecho hace mucho más tiempo que la ciencia.
Y después lo abandona
Acá está el detalle que a casi todo el mundo le sorprende.
Terminada la temporada, el hornero no vuelve a usar ese nido. Al año siguiente construye uno nuevo, muchas veces al lado, a veces encima. Los kilos de barro, las dos semanas de trabajo y la ingeniería del tabique: todo para una temporada.
Lo que queda no se desperdicia. Los nidos vacíos los ocupan golondrinas, gorriones, calandrias y unos cuantos más que no saben construir nada. En un poste de alambrado de la comarca es común ver dos o tres nidos de horneros de años distintos, y adentro de los viejos, inquilinos que nunca movieron un gramo de barro.
Un albañil que trabaja gratis, hace una casa por año y se la deja al que venga.
El ave nacional, por votación de chicos
En marzo de 1928 el diario La Razón publicó una encuesta para que los chicos eligieran el ave nacional. Llegaron unos cuarenta mil cupones. El resultado se publicó el 25 de junio de ese año y ganó el hornero, con 10.725 votos. Ese mismo año quedó consagrado por decreto.
Vale la pena notar por qué ganó. No es el más lindo, no es el que mejor canta y no es el más raro. Ganó el que construye.
Acá
En el partido de Tornquist el hornero es una de las cinco especies con más registros de las más de seiscientas que tenemos fichadas. Está en los postes, en los árboles de las plazas, en las columnas de luz y arriba de los carteles de la ruta. Está tan a mano que hay que hacer un esfuerzo para prestarle atención.
Su ficha, con fotos y con los meses en que se lo ve, está en la ficha del hornero.
Una última cosa, ya que estamos.
El asistente de este sitio se llama Hornerito, y el nombre no salió de una lluvia de ideas. Salió de esto: un bicho común, que está en todos lados, que no llama la atención, y que se pasa el día juntando material de a poco para armar algo que después le sirve a otro.
Nos pareció una buena descripción del trabajo.
Fuentes
- Furnarius rufus — Sistema de Información de Biodiversidad, Administración de Parques Nacionales. https://sib.gob.ar/especies/furnarius-rufus
- Furnarius rufus — Wikipedia en español (medidas y peso del nido, estructura interna).
- «El hornero es el ave nacional argentina desde 1928» — sobre la encuesta del diario La Razón y el decreto.
- Registros del partido de Tornquist — GBIF, vía el atlas de naturaleza de Somos Comarca.


